Discursos y otros documentos del Secretario General

DURANTE LA SESIN DEL CONSEJO PERMANENTE PARA CELEBRAR EL DA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA

3 de mayo de 2023 - Washington, DC

Una propuesta sería hacer un minuto de silencio por cada uno de los periodistas caídos en el cumplimiento de su deber en 2022, que como señalaba el Relator Especial de Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, son 39 reportes de asesinatos de periodistas en las Américas. Por lo tanto, tendríamos que estar 39 minutos reconociendo cada nombre, cada persona y cada trabajo que realizaron.

“Nuestro mensaje es que el periodismo no es un crimen, Evan y Justin deberían ser liberados de manera inmediata”. Hago mías esas palabras. Son del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca el sábado pasado.

Se refería a Evan Gershkovich, en prisión preventiva en Rusia desde finales de marzo por cargos de espionaje y a Austin Tice, desaparecido en Siria en agosto de 2012-

Efectivamente, el periodismo no es un crimen. Pero, a menudo, los periodistas son tratados como criminales. Sobre todo en sistemas autocráticos, aunque también en gobiernos elegidos democráticamente.

La intimidación, persecución, estigmatización y deslegitimación del periodismo independiente es moneda corriente.

Con demasiada frecuencia, además, los periodistas son blanco del crimen organizado por el simple hecho de cumplir con su trabajo: investigar al poder, informar sobre la corrupción y denunciar la colusión del poder con el crimen organizado.

Esta trágica realidad también sucede en nuestro hemisferio. En este Día Mundial de la Libertad de Prensa, esta debe ser nuestra reflexión y nuestro homenaje a tantos periodistas que han arriesgado -y muchos sacrificado- sus vidas por el noble derecho, para ellos obligación, de contribuir a una sociedad informada, consciente y deliberativa.

Es decir, su misión de aportar a la construcción de una sociedad democrática. La libertad de expresión es precondición para la vigencia y profundidad de los demás derechos humanos en las Américas.
Está en la Constitución de todos los países del hemisferio y en la Carta Democrática Interamericana.

Sin prensa libre se desmorona el derecho a disentir. Sin ella, el poder no se investiga. Sin ella, la sociedad no critica. Y una sociedad sin capacidad de crítica no está preparada para la democracia.

La tragedia a la que me refería anteriormente es que en buena parte de nuestro continente, el periodismo es una profesión de alto riesgo.

La democracia es muchas cosas, pero necesita seguro una independencia del Poder Judicial y también necesita libertad de expresión. El derecho a criticar al gobierno es una tácita definición de la democracia.

Hay que ser buen yunque, hay muchos que solo les gusta ser solamente martillo, pero tenemos que ser buen yunque, debemos tener capacidad de aguantar las críticas, la información y lo que sea que digan de nosotros y debemos agradecerlo, lo digo desde mi posición.

Honremos estos principios, rindamos homenaje a tantos periodistas que siguen cumpliendo con su noble deber arriesgando su vida en cada nota, en cada crónica y en cada opinión.

Muchas gracias